Cambiar de navegador
Cambiar de navegador, ¿ofrece ventajas?
Cambiar de navegador de manera periódica es una opción, que aunque puede parecer innecesaria a priori, es muy recomendable, ya que permite, entre otras cosas, protegernos de posibles ataques en Internet.
A pesar del empuje de alternativas como Chrome y Firefox, Internet Explorer sigue teniendo la mayor cuota de mercado entre los navegadores, debido a que durante muchos años ha sido el navegador por defecto instalado en el sistema operativo más vendido del planeta, Windows. Sin embargo, y consecuencia de determinadas obligaciones legales, así como de las ventajas aportadas por otros navegadores, en estos momentos la suma de las versiones de Internet Explorer alcanza algo más del 40% del mercado de los navegadores, frente al 27% y 21% de Firefox y Chrome, respectivamente.
¿Merece la pena cambiar de navegador?
Para muchos usuarios, el navegador es un elemento más del sistema operativo que no debe sustituirse ni actualizarse. Este error de percepción viene motivado porque versiones del navegador como Internet Explorer 6, incluido por defecto en Windows XP, han estado más de siete años en el mercado sin renovación, siendo actualmente un navegador obsoleto y poco fiable, que muestra mal las páginas web y tiene numerosos problemas de seguridad.
Aunque la presencia en Europa de este navegador es residual, Microsoft lanzó en 2011 una campaña para animar a cambiar a versiones de Explorer más modernas.

¿Qué navegador elijo?
La elección de un navegador no es una decisión trivial y debe hacerse según las necesidades y requerimientos de cada usuario. Un navegador completo como Firefox, puede resultar pesado y lento sobre un equipo informático de hace varios años y con sistema operativo anticuado, hace que la experiencia de navegación por Internet sea más complicada. Aunque sea un navegador excelente en otras cuestiones, es mejor en un caso como el relatado optar por programas más ligeros como Chrome en lugar de Firefox.
La elección de un navegador no es una decisión irrelevante y debe hacerse según las necesidades y requerimientos de cada uno. Existen numerosas páginas web y blogs donde en artículos y posts se analizan las virtudes y defectos de los diferentes navegadores existentes, como NorfiPC.
Existen en el mercado versiones ligeras o simplificadas de los navegadores, que permiten acceder a Internet de forma más rápida sin necesidad de ocupar todos los recursos de memoria del ordenador. Además, muchas plataformas y servicios web, como el correo electrónico o ciertas aplicaciones on line ofimáticas (como Google Docs o ThinkFree), solo son compatibles con las versiones más modernas de los diferentes navegadores.
Por otro lado, utilizar siempre el mismo navegador, o no actualizarlo a las versiones más recientes, es una invitación a estar expuestos a diversos problemas de seguridad y a no poder acceder a los últimos avances en tecnologías web. En el navegador acumulamos gran cantidad de información privada en forma de cookies y contraseñas. Esto hace que sea más fácil encontrar vías de ataque o de intento de estafa, sobre todo cuando no se actualiza constantemente a las últimas versiones. Además, por pura probabilidad de evitar determinado software dañino, cambiar de vez en cuando de navegador, o al menos alternar varios de ellos en periodos regulares, puede ser una buena estrategia de seguridad.
Mantener el navegador actualizado
Desde la popularización de Internet, la principal forma de riesgo para infectarse con virus ya no es el correo electrónico o el uso de memorias USB. Visitar una página infectada utilizando un navegador obsoleto o no actualizado puede poner en riesgo el ordenador del usuario, ya sea mediante el robo de datos privados o la toma de control del equipo..
Hay que tener en cuenta que un navegador que se actualiza de forma constante es generalmente una garantía de seguridad. En cada nueva versión se corrigen los errores descubiertos y, por tanto, es recomendable mirar periódicamente si el navegador se actualiza de forma automática a la última versión disponible. En este ámbito, la mayor o menor trayectoria vital de cada navegador suele garantizar en mayor o menor medida la disminución de riesgos, basándose en su experiencia acumulada. Así, los primeros pasos de Chrome (el último gran navegador en incorporarse al mercado) han estado acompañados de numerosas vulnerabilidades, que actualización a actualización se han ido corrigiendo.
Valorar los complementos y las extensiones
Uno de los aspectos más destacados de los navegadores son los complementos y extensiones existentes. Estas miniaplicaciones permiten ampliar las características iniciales de cada navegador y adaptarlo a los requerimientos del usuario. Además, también ayudan a personalizar el entorno gráfico del navegador. Este es uno de los parámetros que se debe tener en cuenta al cambiar de navegador, ya que si se dispone de un gran catálogo de extensiones y complementos en el navegador que se ha usado, el cambio entraña el riesgo de perderlo.
Para algunos usuarios, disponer de una extensión concreta supone el principal motivo para no cambiar de navegador, ya que en muchas ocasiones facilitan la navegación o la simplificación de rutinas y acciones. Son muy populares las extensiones de Firefox (accesibles en https://addons.mozilla.org/es-ES/firefox/), así como las de Chrome (recogidas en https://chrome.google.com/webstore/category/extensions?hl=es).







